Breve Marco Teórico del Anteproyecto de Investigación



Antecedentes

En la actualidad, existen diversas problemáticas en las que están inmersos los adolescentes y ante las cuales se les ha comenzado a dar atención para encontrar alternativas viables de solución. Adicciones, violencia, violencia familiar, falta de empleo, delincuencia, embarazo a temprana edad, son claros ejemplos de situaciones que viven cotidianamente los adolescentes y que la sociedad en su conjunto han puesto en la mira para identificar las causas y posibles salidas. Sin embargo, uno de los temas poco desarrollados hasta ahora es el nivel de nutrición y el tipo de hábitos alimenticios o alimentarios que tienen los jóvenes y que a mediano plazo pueden verse convertidos en situaciones poco saludables para esta población siendo ya adulta. De acuerdo con la FAO (2011; citado por Pereira & Salas, 2017), millones de personas experimentan una gran diversidad de enfermedades producto de una alimentación excesiva o mal proporcionada.
Por ello, y de acuerdo con Marugán, Monasterio & Pavón (2010; citado por Pereira & Salas, 2017), la alimentación en la etapa adolescente debe coadyuvar en un crecimiento y desarrollo adecuados y fomentar hábitos de vida saludables para evitar alteraciones de carácter nutricional. Las etapas de la pubertad y la adolescencia se representan por cambios trascendentales en el organismo, por lo que los requerimientos en cuanto a nutrientes se refiere van a estar sujetos del consumo que se requiera para sostener el crecimiento y el gasto energético (Pereira & Salas, 2017). Además, es en este periodo en el que se constituyen los hábitos dietéticos, se concluye el desarrollo del sentido del gusto, se establecen las inclinaciones o animadversión hacia determinados alimentos, formando así el fundamento de la conducta alimentaria para el resto de la vida. (Castañeda, Rocha, & Ramos, 2008).
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (1994; citado por Viteri, 2015) la adolescencia se define como la fase de la vida en la cual las personas desarrollan la capacidad de reproducción, abandona las pautas psicológicas de la infancia para ir construyendo las de la adultez y comienza a perfilar su interés por cierta independencia económica. Krauskopf (2011, citado por Viteri, 2015) señala que la adolescencia es una época determinante en que los sujetos se apropian de elementos que favorezcan la elaboración de su identidad y esbozan un proyecto de vida propio. En cuanto a las características sociales, los adolescentes muestran comportamientos orientados hacia la independización con respecto a la familia y a la pretensión de formar parte de su grupo de pares. (Viteri, 2015).

Bases teóricas

Viteri (2015) señala que el concepto de nutrición se refiere al proceso de obtención de sustancias que ayudan al organismo a mantener su estado de salud, desde el momento de ingerir el alimento, su asimilación y hasta su expulsión, mientras que el término alimentación hace alusión a la acción de incorporar alimentos al organismo. Generalmente, una alimentación adecuada tendrá como consecuencia individuos adultos saludables (Albito, 2015); los adolescentes se encuentran sumergidos en cambios familiares, sociales, culturales, los cuales influyen en su forma de percibir su imagen y su salud, lo que lleva a modificar sus hábitos alimenticios, al intentar revelarse ante las rutinas familiares, comportándose a favor de lo que esté de moda y, en algunos caso, perder peso (Viteri, 2015).
Los hábitos alimentarios se desarrollan conforme las diversas experiencias que se van teniendo en el transcurso de la vida, mediante las cuales los individuos van eligiendo los alimentos que conformarán su dieta y los prepara para su ingestión; por lo que es una sucesión de acciones de carácter voluntario y educable (Albito, 2015). Estos hábitos son de origen complejo y existen diversos factores que los determinan como: entorno familiar, social, económico y cultural (Albito, 2015). Nunes (2007) señala que los hábitos culinarios son incididos por elementos como la clase social, la raza, la religión, la edad, la educación, la salud y el ambiente social, por lo que es una construcción social y no individual. De acuerdo con Saucedo (2003; citado por Viteri, 2015), la conducta alimentaria es el conjunto de acciones que realiza una persona relacionado con la ingesta de alimentos, como reacción a un incentivo biológico, psicológico o sociocultural.
Castañeda, Rocha & Ramos (2008) indican que la casa es el lugar en el cual se consolida la certeza alimenticia y nutricional de las personas, por lo que en el hogar y en la escuela, deberían ser los espacios por excelencia para fomentar buenos hábitos dietéticos y conductas de vida saludables. Jiménez, Cervelló, García, Santos & Iglesias (2007) señalan que como parte de las conductas saludables sobresalen una correcta alimentación, momentos de descanso regulares y pertinentes, la práctica del ejercicio así como evitar la ingesta de tabaco, alcohol y cualquier sustancia adictiva. Sánchez (1996; citado por Jiménez, Cervelló, García, Santos & Iglesias, 2007) identifica como estilo de vida saludable aquél que causa en el sujeto un nivel ideal de estrés, una sensación de placidez, una capacidad para disfrutar de la vida y una gran capacidad para resistir y asumir los retos que pone el entorno.
De acuerdo con Elliot (1993; citado por Jiménez, Cervelló, García, Santos & Iglesias, 2007), las principales características de un estilo de vida asociado con la salud son:
  • Su origen es conductual y, por lo tanto, observable.
  • Debe tener cierta continuidad en el tiempo.
  • Muestra una conjunción de diversas conductas que ocurren simultáneamente en el mismo periodo.
Viteri (2015) plantea que los adolescentes se inclinan por mantener sus hábitos alimenticios de la niñez, sin embargo, al formar parte de un nuevo contexto con sus pares, van combinando sus hábitos con los de sus nuevos compañeros o amigos, por lo que ingieren mayor cantidad de la llamada comida chatarra y descuidan sus horarios de comida. Hidalgo (2012; citado por Viteri, 2015) señala que entre los hábitos inapropiados que incorporan los adolescentes se encuentran la eliminación de alguna de las comidas, el aumento de consumo de comida chatarra entre comidas, comer fuera de casa, dietas para bajar de peso, y el uso de sustancias o medicamentos como laxantes y diuréticos.

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